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16 de Diciembre de 2004

Cruce del Océano Atlántico a remo y en solitario

Daniel Serenelli fue rescatado en medio de una feroz tormenta

Por: Daniel Serenelli

Vientos de entre 90 y 120 kilómetros por hora causaron dos vueltas de campana a su embarcación. El argentino fue rescatado por un helicóptero de Salvamento Marítimo. "Todo era un pandemonium", dice Serenelli en una carta. Y agrega: "mi lucha no ha sido en vano". La furia de las tormentas no había no se había desatado con tanta fuerza sobre la región desde hacía varios años, pero en estos once días de navegación de Daniel Serenelli los vientos alcanzaron entre 90 y 120 kilómetros por hora, lo que hizo que el bote "Vamos Argentina!" diera dos vueltas campana y sufriera algunas averías.
 Bajo esas condiciones, la vida de Daniel se encontraba en peligro y las posibilidades de ser rescatado disminuían a medida que el tiempo pasaba. El intento de cruzar el océano Atlántico a remo y en solitario estaba en condición crítica. 

No fue una decisión fácil para el Capitán, pero fue la más sensata. En la carta que sigue, él mismo explica las circunstancias y las razones que lo obligaron a dejar inconclusa la travesía. Pero la aventura... ¿puede decirse que está inacabada? Al final de cuentas, su corazón aventurero estuvo en el océano y dio batalla; llegó mucho más lejos de lo que mucha otra gente se atreve a llegar. Sin importar cuántas millas haya remado, lo importante es que Daniel remó: desde que surgió la idea en una reunión de amigos en Bariloche hasta que el helicóptero lo rescató del mar, Daniel remó y acarició su sueño. Hay un mensaje que salió de sus remos y que, seguramente, animará a muchos otros corazones sedientos de aventura. 

Hola!

Soy Daniel Serenelli: Me creo en la obligación de recrear rápidamente lo ocurrido en estos 11 días de navegación. 

Con este relato no intento buscar ante la gente ningún justificativo, solamente que mi proyecto ha despertado mucho interés en Argentina y en muchas otras partes del mundo. Es por eso que quiero que revivan junto a mí lo ocurrido.

Por otro lado, creo haber hecho lo correcto y haber tomado la decisión exacta en el momento justo; sin dudas cada persona, a su criterio, le pone el precio que considera justo a su aventura, aunque intenté en vano por varios medios regresar con mi bote a Las Palmas de Gran Canaria, ante esta situación que les relataré para de esa manera poder retomar mi cruce una vez que esta gran baja presión en la zona hubiese pasado. Esto no me fue posible, paradójicamente, la madrugada del día anterior un barco se aproximó a mi bote y vía VHF me preguntó si necesitaba ayuda. Todavía tenía la esperanza de que el viento y su fuerza cambiaran. Me resistía a pensar que mi mala suerte con el clima me llevaría a tener que abandonar el intento de cruce. Había sido atrapado por una "gran mano gigante" que me llevaba a las costas de África. A partir del sexto día comencé a ser arrastrado hacia el Este. La distancia recorrida hasta ese momento desde Las Palmas fue de aproximadamente 250 Nm. Mi rumbo original era 240. A partir del cambio de viento traté de aprovechar el viento del W para bajar en latitud, tratando de avanzar dentro de mis posibilidades lo más al SW posible. Pero un bote como el "Vamos Argentina!!!", con más de 850 kilos de peso y un francobordo de 1,20 metros de alto impulsado por remos es imposible direccionarlo con viento y corriente en contra.

La deriva era muy importante y luego de seis días de estar siendo arrastrado hacia el Este, había recorrido más distancia hacia el continente Africano que hacia mi destino original: América. 

En el décimo día, la tormenta continuaba y los vientos eran cada vez más intensos. Me arrimaba a algún lugar de las largas costas africanas inexorablemente. Tenía entendido que en esa zona las costas son playas de mas de 1000 kilómetros de largo en las que podía ir a parar sin un destino cierto. El chocar contra esas playas significaría un verdadero desastre. Mi bote hubiese volcado en las rompientes generando un verdadero caos.

La noche del onceavo día fue una noche muy especial. El fuerte viento acompañado de una lluvia torrencial hacían que mi bote estuviese permanentemente escorado y las olas golpeaban de lleno en la obra muerta del casco que verdaderamente daba una sensación de estar metido en el infierno. En esos momentos opté por acostarme y ajustar mi cinturón de seguridad a la altura de mis rodillas y con las manos sujetándome del techo tratando de resistir esos bruscos movimientos. La fuerza de las olas aplastaban el bote. En ese momento era la 1 AM y, casi sin darme cuenta, encontrándome medio dormido (agotado), sobreviene la primera vuelta de campana. Tenía todas las luces apagadas y recuerdo llevar mi mano hacia mi cara y sentirla mojada. Mi ceja izquierda se había cortado y mi cuero cabelludo también. Encendí las luces: todo era un pandemonium. Me mantuve atento y casi sin respirar; recuerdo haber sentido muchísimo miedo. El interior de mi bote -como cualquier otro de este tipo- no tiene más de 2 metros cúbicos de aire. La sensación de claustrofobia y la falta de aire me hacían sentir la necesidad de abrir uno de los tambuchos. La entrada de agua por las lluvia y las olas no permitían hacerlo. Traté de mantener la calma. Recé mucho, me aferré a los recuerdos de mi familia que me habían dado para llevar; se me caían las lágrimas... es una sensación muy difícil de reproducir.

Aproximadamente a las 4 AM recibo el impacto de otra ola muy diferente a las demás, que "envuelve" el bote haciéndolo deslizar como un patín (barrenando) y en un momento determinado encuentra un "obstáculo" -la masa de agua envolvente- que hace que sobrevenga la segunda vuelta campana. Tenía miedo que se mojasen los equipos de comunicación y quedar incomunicado y allí sí que las cosas se hubiesen complicado muchísimo.

A las 6 AM consigo sacar la antena del teléfono satelital protegiéndola con un film para que no se dañe. La ato con goma sobre el asiento de remo, enciendo el teléfono y quedo a la escucha. A las 7 AM recibo la primera llamada de Salvamento Marítimo. Luego de responder a sus preguntas y contar que tanto yo como mi bote estábamos, a pesar de todo, bien, pasan a informarme de dos cosas:

En primer lugar, me estaba saliendo del rango de posibilidad de un rescate por medio de los helicópteros superpuma. Esas aeronaves tienen como máximo una capacidad de autonomía de 350 millas. De alejarme de esa distancia, sólo me quedaría como recurso ser auxiliado por un mercante.

En segundo lugar, el parte meteorológico para ese día y para los próximos era muy desalentador. Un gran centro de baja presión, acompañado de un frente frío, estaba sobre mí. La decisión debía ser tomada con rapidez. Tenía algunas horas con buena visibilidad para que primero un avión Fokker 27 me ubicase para que, de esa manera, el helicóptero pudiera venir directamente hacia mi.

Medité una hora. Leí nuevamente mi posición. La transcribí a la carta y en 48 horas estaría "derribando" en algún punto de África.

Sin conocer positivamente la mejora del tiempo (de hecho el mal tiempo aún continúa en la zona) decidí solicitar esa ayuda y dejar mi bote a la deriva.

La búsqueda infructuosa por parte de la Rueda de los Navegantes de ubicar un pesquero por la zona para remolcar mi bote se había agotado.

Con este temporal que llevaba más de 7 días, ningún pesquero sale a la mar. Ya estaban advertidos de mantenerse en puerto. 

Una vez realizado el rescate, y ya en tierra, pude comprobar que gracias a Dios acerté en mi decisión. Me queda el aliciente de haberme quedado en mi bote hasta donde yo consideré razonable. El seguir tratando de salvar mi embarcación podría haberme costado la vida. Hace muchos años que tales características climáticas no se registran en la zona. 

Otra cosa que aprendí es lo complicado que es para los meteorólogos lograr precisar destino y final de las bajas. En mi pagina web escanearé la carta sinóptica de esos días y ustedes podrán evaluar la magnitud del fenómeno.

La experiencia que me toco vivir ha sido única. Lamento no haber podido terminar lo que vine a buscar, pero reconozco que ha sido muy enriquecedor para mi lo vivido. Jamás olvidaré lo vivido. Me siento triste y feliz a la vez. Triste por no haber podido cumplir con mi sueño de llegar a América; feliz por haber vivido emociones que no muchos mortales tienen la posibilidad de tenerlas y también por haber sido protagonista de esta aventura, aunque inconclusa. No me cabe duda que mi experiencia le servirá a muchos y eso para mi es muy importante: mi lucha "no ha sido en vano".

No se si lo volveré a intentar (es una posibilidad que no descarto) pero Dios quiera y es mi deseo que pronto haya en el océano otro bote con más suerte que el mío haciendo flamear la bandera Argentina intentando este hermoso desafío.

Gracias a todos, de todo corazón, por tanto apoyo recibido. A mis sponsors, amigos y toda la gente que aún sin conocerla me llena de afectos.

Un abrazo para todos y felices fiestas.

Daniel Serenelli, "El Capi".


La página de la Expedición Atlántico a Remo es:
 www.atlantico-a-remo.com.ar



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