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Mariano Sironi
reportándose
desde Península Valdes
La temporada de ballenas francas en Península Valdés continúa avanzando. Ya llevo un mes y medio de observaciones en el Golfo San José, y con cada semana que pasa se notan los cambios en la población de ballenas. Durante el mes de agosto observé, como es habitual, numerosos grupos de cópula, en los que una hembra es rodeada por varios machos buscando aparearse con ella. Ahora en septiembre, ha disminuido la cantidad de adultos y ha aumentado el número de madres con crías. También es notable cómo crecen los ballenatos: ya casi no veo esas pequeñitas ballenas de piel arrugada recién nacidas. La mayoría de las crías que pasan frente al acantilado en estos días han aumentado de tamaño considerablemente.
Llevo realizados unos 300 conteos horarios de las ballenas y gaviotas que están en la bahía. Estos conteos me permiten saber no sólo el número, sino también la clase de edad y el comportamiento general de todas las ballenas que están en mi sitio de estudio. También he obtenido varias horas de observaciones continuas del comportamiento detallado de las ballenas juveniles. En varias ocasiones las he observado jugando con grandes trozos de algas que flotan en el agua luego de las tormentas de viento.
A partir de fotografías que tomé el año pasado, he reidentificado a una madre con su cría albina que nació en 2000. Vi a este par por segunda vez esta temporada en una tarde lluviosa. Por ese motivo, y por su color, he dado a este macho juvenil de un año de edad el nombre de "Lluvia". A esta altura de su vida, Lluvia ya es una ballena independiente que se ha separado de su madre en algún momento de este mes. Pocos días atrás, volví a observar a Rombita, nacida en 1999. Esta vez me hizo correr un kilómetro a lo largo del borde del acantilado para llegar a un punto en el que pudiera tomar buenas fotografías de sus marcas identificatorias. Allí nos quedamos, ella y yo, por casi una hora. El mar estaba muy calmo y podía ver todo el cuerpo de esta ballena bajo el agua. Rombita estaba a muy pocos metros de la playa, con su cola apoyada en el fondo, y levantaba suaves nubes de arena blanca cuando se movía apenas para respirar en la superficie.
Al observar toda esta belleza natural y la perfecta paz que me rodea, no puedo dejar de pensar en los tremendos acontecimientos que han sacudido al mundo días atrás. Las causas de estos hechos lamentables son innumerables, y sus consecuencias, inimaginables. No pretendo usar este espacio de comunicación con ustedes para analizar estos hechos en profundidad. Sin embargo, me resulta imposible no mencionarlos, pues tanto yo como nuestro Instituto de Conservación de Ballenas, como ustedes mismos, estamos inmersos en esta compleja realidad. Las ballenas que veo nadar cada día en este bello mar azul son totalmente ignorantes de lo que ha ocurrido, y absolutamente incapaces de causar tanto dolor y tanto daño al mundo. Espero contagiarme de su paz mientras estoy aquí. Y deseo sinceramente compartir con ustedes la calma de este lugar, y la sensación de paz que estos animales podrían enseñarnos, si tan sólo supiéramos cómo aprender a vivir en paz.
Cordialmente,
Mariano Sironi
21-09-01
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