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Instituto de Conservación de Ballenas


Un Océano
(Autor: Roger Payne)

 

No importa dónde vivamos o qué costa visitemos, el aire y  el océano transportan todos aquellos problemas que otras personas han creado en otros lugares del mundo, sin distinción del punto de partida de dichos daños, hasta nuestro hogar.

   Foto: Iain Kerr

Aunque nosotros distinguimos el Océano Pacífico del Atlántico, del Índico, etc., existe tan sólo un océano.  Es el hogar de todos los peces, cangrejos, algas y ballenas que existen (exceptuando por supuesto, las especies habitantes de aguas dulces). No importa en que lugar específico de la costa viva uno, siempre existe la posibilidad de que una  ballena aparezca en la orilla, o ingrese en  algún puerto o bahía lo suficientemente profunda como para que pueda flotar.  Y a veces lo hacen.  Cuando ocurre, siempre es emocionante.  Parece como si la ballena  enviara un mensaje dirigido directamente a los seres humanos;  un mensaje que levanta olas capaces de romper cualquier tipo de barrera de desinterés.

Las consecuencias de no poder entender que cada océano es un solo océano, y que todo el aire es parte de una sola atmósfera, es no poder apreciar uno de los aspectos más importantes del mar y del aire: que son líquidos y gases que se mueven libremente, y cada uno de ellos es un individuo que a su vez forma parte de un todo (con ambos medios, agua y aire, conectados íntimamente), juntos actúan como el sistema de distribución singular más gigantesco de la tierra, acarreando las sustancias que nosotros derramamos o emanamos desde cualquier punto en cualquier lugar hasta todos los puntos en todas partes.  No importa donde vivamos o que costas visitemos, el aire y el océano transportan todos aquellos problemas que otras personas han creado en otros lugares del mundo, sin distinción del punto de partida de dichos daños, hasta nuestro hogar.

No poder apreciar esto,  es pensar que la polución  está limitada  a las cercanías de la fábrica que emana los gases tóxicos o que  el efecto de los contaminantes sintéticos  está limitada sólo a la boca del desagüe;  cuando en realidad lo que estamos haciendo es asegurarnos que estas sustancias se esparzan por todas partes.

Cuando una madre arrebata una botella de algún veneno letal, por ejemplo un insecticida, de las manos de su hijo de dos años y vierte su contenido en el lavadero para deshacerse de él (mientras instruye al niño acerca de lo peligroso que es jugar con una cosa tan tremenda como un insecticida), lo único que logra es que parte de ese mismo insecticida, con el correr del tiempo y en otra forma, igualmente llegue a su hijo.

Todo aquello que ella desecha y vigorosamente elimina a través de las cañerías, se sumerge como si fuese una catarata por las tuberías, escabulléndose en la oscuridad, hasta finalmente llegar a una pileta, donde parecería que finalmente hallará su lugar de reposo.  Pero no es así: luego de la  pileta se dirige hacia un área donde se filtra el agua, separando lo líquido de los elementos sólidos, y luego de atravesar un proceso complejo, finalmente alcanza la tierra.  Seguramente será entonces éste el destino final del veneno; lamentablemente no.

Dos años más tarde su hijo estará jugando en el jardín de su casa, excavando para tratar de encontrar un tesoro.  Su pala es demasiado complicada como para que la pueda maniobrar, entonces decide seguir excavando con sus manitos, sacando la tierra suave y húmeda, hasta alcanzar casi un pie de profundidad.  El sistema del pozo aséptico estuvo bien diseñado como para constatar de que no exista materia fecal en la tierra, pero fue, como todos los sistemas de este tipo, completamente incapaz de eliminar las moléculas inextinguibles tales como las que se encuentran en los insecticidas, o de eliminar los componentes tóxicos de dichas moléculas.  Luego, a la hora de almorzar, su hijo entra en la cocina y por centésima vez en su vida se olvida de lavarse las manos antes de comer; y termina comiendo parte del insecticida como el condimento letal dentro de su sándwich.

Pero, escucho que tú dices que no tienes un sistema de pozo aséptico; tu agua sucia va directamente a la cloaca de la ciudad.  El cuento es el mismo, sólo que la ruta de acceso es distinta, y los tiempos de espera son un poco más largos.  Tal como con el sistema del pozo aséptico, cuando el deshecho es procesado, las moléculas del insecticida permanecen sin alterarse, porque los sistemas cloacales no tienen manera de tratar con dichas moléculas.  Finalmente también se derraman en un río, junto con el agua que ha sido apropiadamente tratada, y son transportadas por el río hacia el mar.  Allí se disuelven hasta lograr concentraciones casi insignificantes, con lo que se vería resuelto el problema.

Pero un nuevo proceso comienza.  Es, tal vez, como mirar al aprendiz de un mago, ya que lo que ocurre a continuación es que las gotitas de aceite dentro de las plantas y los animales microscópicos lentamente congregan y vuelven a concentrar las moléculas del insecticida que ya se habían esparcido significativamente; conservándolas en las grasas y los aceites de los pescados que luego nosotros comeremos .  Esto sucede ya que cada vez que una molécula del insecticida disuelta en agua se encuentra con una gota de aceite en alguna planta planctónica, inmediatamente forma una solución con el aceite.  Este proceso se da ya que estas moléculas venenosas se disuelven preferentemente en cualquier aceite antes que en el agua, y dichos aceites se encuentran en todas las plantas.

Cuando un vegetal planctónico es ingerido por algún animal planctónico, la molécula del insecticida, siendo ésta inmortal, permanece intacta, y por lo tanto, cuando el animal planctónico es consumido a su vez por un pez pequeño, que será luego comido por un pez más grande, las moléculas venenosas, aún sin alteración, se concentran en el último predador.   De esta manera viajan a través de las cadenas alimenticias, aumentando  su concentración aproximadamente diez veces, a medida que avanzamos en la cadena alimenticia (es decir, en cada predador sucesivo). Llegada la instancia en la cual las moléculas venenosas han llegado al tipo de pez que la madre suele servirle a su familia, se podrá haber alcanzado una concentración lo suficientemente elevada en el pescado a consumir, como para causarle serios problemas al grupo familiar.

Únicamente deshaciéndose adecuadamente del insecticida podrá la madre prevenir que el veneno ingrese en su hijo.  Esto genera un gran dolor de cabeza; la mayoría de nosotros no tenemos ningún tipo de idea acerca de cómo deshacernos de los residuos peligrosos de una manera  adecuada, y si tuviésemos noción de dichos métodos, tendríamos muy poco tiempo para implementarlos.

 ¿Qué es lo que posibilita estas situaciones? El hecho de que el agua sea el gran transporte / distribuidor de  todos los químicos, sumado al hecho de que ahora fabricamos sustancias venenosas, que son en su mayoría inextinguibles y luego las desechamos sin ningún cuidado.  Además del hecho de que ya que  no podemos comprender y asimilar  estos mecanismos, tampoco entendemos lo peligrosos que son.  Si solamente ingerimos un poco de estas sustancias tóxicas a lo largo de nuestras vidas puede no haber ningún problema, pero luego de un par de años de ingerirlas en pequeñas cantidades, inexorablemente se acumulan hasta llegar a niveles que pueden causar daños severos en nuestras vidas.  El problema es que todos ignoramos lo peligroso que es descartar estas moléculas tóxicas tanto en el mar como en el aire, y por lo tanto, sin quererlo, las incorporamos en nuestro organismo y en el de nuestras familias.

No importa dónde vivamos o qué costa visitemos, el aire y  el océano transportan todos aquellos problemas que otras personas han creado en otros lugares del mundo, sin distinción del punto de partida de dichos daños, hasta nuestro hogar.

Existe tan sólo un océano....el hogar de las ballenas.

El Instituto de Conservación de Ballenas  depende del aporte de personas como vos para proteger a las ballenas y a su medio ambiente. 

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Esta nota fue publicada con la autorización del Instituto de Conservación de Ballenas de la República Argentina.

 

 
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