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26 de marzo 2003
Primera Expedición del Proyecto Ukhupacha
Por: Equipo Ukhupacha (Salva Guinot /Andrés Marti)
http://www.ukhupacha.com
| A medida que la furgoneta del Instituto Nacional de Cultura se aleja de la ciudad de Ollantaitambo con dirección a la de Cuzco, comprendemos que la primera parte de aquella loca idea que surgió hace ahora tres años, tras finalizar una expedición a la que es la segunda cordillera más importante del planeta, la Cordillera Andina, está llegando a su fin. |
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Por aquel entonces Salvador Guinot jefe de lo que posteriormente se denominaría Proyecto Ukhupacha, finalizaba una escalada en los andes. Salva y el resto del equipo decidieron mitigar el desgaste acumulado en la alta montaña, con una visita al que sin lugar a dudas es el estandarte de Perú: las ruinas incas del Machu Picchu.
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Allí comprobó que esta fascinante ciudad inca parecía esconder aún multitud de secretos entre sus ruinas y vertiginosas paredes, desde que el historiador estadounidense Hiram Bingham se tropezó con ellas el 24 de julio de 1.911. Sí, existían muchos lugares de difícil acceso, que presumiblemente no habían sido aún explorados por ningún arqueólogo, ya que para ello se requería la utilización de cuerdas y técnicas derivadas de la exploración de cuevas y simas, es decir de técnicas espeleológicas. |
Salva, vio rápidamente la aplicación de las técnicas espeleológicas en todas estas tareas de exploración. Nuestro dominio de las técnicas de progresión vertical a través de cuerdas eran ideales para acceder hasta todos estos lugares, que aunque entrañaban cierto riesgo, no eran ni mucho menos más complicados que muchas de las empresas en las que nos habíamos embarcado con anterioridad, los distintos miembros que componemos el "Equip d´Espeleologia Internacional". Prueba de ello es que entre todos nosotros acumulamos un sinfín de expediciones sondeando las entrañas de la tierra, en lugares tan recónditos como Papua Nueva Guinea, China, Cuba, Francia y como no, en la zona con mayor potencial espeleológico del planeta: Picos de Europa (Asturias). En esta región hemos participado desde finales de los años 80 en muchas e importantes expediciones, como la que consiguió batir el récord español de profundidad en el año 1.987 y ostentar durante varios años el segundo puesto en el ranking mundial de las cavidades más profundas y más recientemente en el año 1.998 cuando volvimos a batir el récord nacional de profundidad y la cavidad explorada, la Torca del Cerro, se situó como la cuarta sima más profunda de la tierra, al descender a la friolera cota de 1.589 metros de profundidad.
El Proyecto Ukhupacha, cuyo nombre define el mundo de adentro en la teoría ancestral andina de la formación del universo, comenzaba a perfilarse como una expedición de primer orden mundial, sin embargo aún restaba superar el que sería el obstáculo más importante de nuestro objetivo: conseguir los permisos necesarios para trabajar en una zona enormemente protegida. Y así fue...
Durante tres años sufrimos en nuestras carnes la lenta, pesada y a veces desconcertante burocracia peruana, tras muchos proyectos, acuerdos de colaboración, convenios, viajes a Perú y tras haber estado a punto de tirar la toalla en repetidas ocasiones, finalmente este pasado mes de julio la historia se hizo realidad... daba comienzo la primera parte del Proyecto Ukhupacha. Atrás quedaban muchas horas de cara a la pantalla de un ordenador y largas esperas en distintas instituciones españolas y peruanas para reunirnos con una larga lista de diplomáticos y políticos de ambos países. Finalmente este esfuerzo se saldó con el apoyo de la embajada española y peruana, la Agencia Española para la Cooperación Internacional (AECI) y hasta del vicepresidente de la república de Perú, el Sr. D. Raúl Diez Canseco. Además firmamos convenios de colaboración con entidades de relevante importancia como: la Universidad Jaume I de Castellón, la universidad San Antonio Abad de Cuzco, el Instituto Nacional de Cultura de Perú, la Diputación de Castellón y los Ayuntamientos de Onda y Morella.
Seis espeleólogos valencianos y una estudiante de arqueología madrileña hemos investigado durante casi un mes los secretos que aún esconde el Machu Picchu. Atrás hemos dejado todos los problemas mencionados con anterioridad, la pérdida de una sustanciosa subvención económica a causa de la pesada maquinaria burocrática peruana y con mucho esfuerzo y afrontando prácticamente todos los gastos de nuestro propio bolsillo, hemos hecho realidad el Proyecto Ukhupacha.
Durante cerca de un mes hemos establecido nuestro campamento base en las inmediaciones del Macchu Picchu y hemos iniciado la exploración de la ciudadela del Macchu Picchu, la cara sur de esta misma montaña y la cara este del Huayna Picchu. Sistemáticamente se han ido sucediendo las exploraciones de chinkanas (cuevas) y caminos de difícil acceso, a la vez que hemos asesorado técnicamente al personal del Instituto nacional de Cultura, sobre las técnicas que aplicamos en los lugares de difícil acceso.
Más detalladamente nuestros objetivos se han sucedido de la siguiente forma:
Las cuevas o chinkanas representaban un importante papel en la cultura inca, ya que aunque aún hoy día no se ha podido conocer de forma exacta todas las funciones que cumplían estos lugares, sí se han encontrado chinkanas que esconden importantes trabajos arquitectónicos, relacionados con ceremonias funerarias, o quizás con misteriosos rituales vinculados con el culto a seres divinos y espíritus guardianes del Ukhupacha o mundo de adentro. Buena muestra de ello son las chinkanas de Rumiwasi o de Q'aqyaqhawana.
Hemos explorado más de diez cuevas que han sido estudiadas y topografiadas de forma minuciosa. Al estar excavadas en granito, material de extremada dureza y difícilmente soluble por el agua, a diferencia de la roca caliza, las chinkanas tienen muy poco desarrollo y están colmatadas por multitud de sedimentos y desprendimientos.
Algunas de las chinkanas exploradas han sido conectadas entre si. En el interior de una de las chinkanas existentes en el sector conocido con el nombre de los Morteros, encontramos un muro y varias piedras trabajadas, lo que ratifica las incursiones de los incas en el mundo subterráneo. Lamentablemente la práctica totalidad de cavidades exploradas se encuentran colapsadas por sedimentos, por lo que aunque se adivinan posibles continuaciones, sería necesaria la desobstrucción de las mismas para seguir progresando y a su vez localizar posibles restos arqueológicos.
Por otro lado, los incas construyeron una red de caminos empedrados de más de 30.000 kilómetros, mediante los que unían todas las regiones de su vasto imperio con la capital de Cuzco. Las particulares características de estos caminos demuestran que su construcción fue dirigida por arquitectos e ingenieros, pues salvan dificultades geológicas como zonas pantanosas, ríos, paredes verticales y fuertes pendientes por medio de escalinatas, túneles, puentes y otros ingenios dignos de admiración para la época y condiciones en las que se desarrolló su imperio.
En el trazado de algunos caminos hemos tenido que emplear cuerdas y aplicar las diferentes técnicas de progresión vertical. A golpe de machete, debido a la densa vegetación selvática que los envolvía, hemos descubierto numerosos vestigios incas, como escaleras, muros de contención y hasta un puente de tres pilares. Además hemos constatado lo ávidos que eran los incas, para progresar por paredes totalmente escarpadas, por las que nosotros difícilmente nos movíamos con nuestros equipos y técnicas de progresión vertical. Las evidencias no dejan lugar a dudas de que el dominio de la civilización inca en el tallado y trabajo de la piedra, además de su utilización de las cuerdas, era impresionante.
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En la cara sur del Machu Picchu y más concretamente en el conocido Camino del Puente Inca debíamos encontrar evidencias de si éste continuaba tras pasar el puente, por una ligera línea de vegetación que discurría horizontalmente, serpenteante y no sin dificultades a través de una pared casi vertical, a más de trescientos metros sobre el nivel de uno de los afluentes del río Amazonas: el Urubamba. |
Tras varios días de exploración en los cuales recorrimos más de 250 metros y tendimos muchos metros de pasamanos de cuerda, encontramos tres muros que atestiguaban el paso de los incas y la existencia de un camino.
Otro de los posibles caminos que había que explorar, era una línea de vegetación horizontal en la parte este del Huayna Picchu, de características similares a la existente en la casa sur del Machu Picchu, aunque menos marcada y evidente que ésta. Durante las incursiones que realizamos en este punto nos encontramos con muchas dificultades y asumimos un elevado compromiso, puesto que las dimensiones de la pared nos dificultaban enormemente la elección del punto más adecuado de acceso. Esta tarea fue ardua y la tuvimos que realizar en conjunto con otro equipo, que situado estratégicamente en la ciudadela del Machu Picchu nos iba indicando el camino más adecuado, si es que realmente lo había, mediante radiotransmisores, para colgarnos en el escalofriante abismo de la pared. La zona tenía mucha vegetación y ningún bloque de piedra estable.
Sí, cuando Salva me "engañó" para que trabajara con él en este punto, un escalofrío recorrió mi cuerpo al ver los enormes y amenazantes bloques de piedra de los que nos estábamos colgando... En aquella ocasión mi progresión a través de la cuerda fue lo más lenta y suave de lo que ha sido nunca, ya que un movimiento brusco o el peso de nuestro cuerpo en un lugar inadecuado, hubiera podido provocar el desprendimiento de piedras de toneladas de peso... No respiré tranquilo hasta que retiramos todo el material y salimos de aquel lugar.
Una vez ya colgados de la pared y en medio de una incesante caída de piedras, comprobamos que no existía ningún resto que evidenciase la existencia de un camino.
| No obstante, en la cumbre del Huayna Picchu sí que encontramos restos de un camino y muro que se dirigen hacia esta pared. Esto nos hace suponer que los incas podrían haber salvado la zona inestable por la que intentamos acceder nosotros, trazando el camino por una zona más segura. El camino en cuestión lo denominamos provisionalmente Camino de la Cueva o del Paso Entre Rocas. |
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También exploramos el Camino de la Garganta en el Huayna Picchu. En él instalamos metros y metros de pasamanos y realizamos varios rápeles. Gracias a ello encontramos diversos vestigios, como son muros de contención, escalones y varios pilares que suponemos serían de antiguos puentes.
Por último dedicamos un corto espacio de nuestra estancia en el Machu Picchu impartiendo unas charlas a los trabajadores y arqueólogos del Instituto Nacional de Cultura, mediante las que les dimos a conocer nuestras técnicas y herramientas de trabajo. Ellos algunas veces tenían que trabajar en zonas expuestas y con alto riesgo de caída, además de haber tenido que auxiliar y evacuar a algún turista en lugares de difícil acceso, como en la cumbre del Huayna Picchu. Por todo ello nuestras técnicas les parecieron sumamente interesantes. Nunca olvidaremos la atención e interés que demostraron por nuestras explicaciones aquellas personas tan sencillas y las muestras de gratitud que nos expresaron al final de las mismas.
Nuestra primera expedición sólo ha sido una mera toma de contacto con la vasta civilización inca y con la feroz e indomable naturaleza peruana. Durante los próximos años tenemos la esperanza de encontrar las subvenciones necesarias, que nos permitan continuar con la investigación de lugares fascinantes como el Machu Picchu y el camino Qápac Ñan, entre otros, así como proseguir con la formación de arqueólogos y trabajadores. El Proyecto Ukhupacha actualmente se encuentra en disposición de ayudar a los arqueólogos del Instituto Nacional de Cultura de Perú, ahora el testigo está en su mano y de ellos depende la continuidad de esta aventura, ya que la parte más importante del camino aún está por recorrer y los descubrimientos no han hecho más que empezar.
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