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27 de diciembre 2002

El volcán mas alto del mundo, en bici y en solitario
 por: Mariano Lorefice (*)

Esta travesía comenzó con mis piernas sintiendo el frio y la fuerza de las olas del Océano Pacífico. Era emocionante pisar el "metro 0", sentir la energía del mar y el punto en donde nacían los 6880m.s.n.m del Ojos del Salado, el volcán activo más alto del planeta. Para mí todas las montañas comienzan en el mar y terminan en el cielo... Yo estaba dispuesto a andar todo este largo camino y sabía que lo que ahora eran frías olas golpeando mis tobillos, en la cumbre se transformarían en fuertes ráfagas de viento.
Casi sin darme cuenta encontré lo que buscaba: una piedra que iba y venía con el agua revoltosa. Quizás su destino era terminar en el oscuro fondo marino o transformarse en arena, pero esa pequeña roca me gustó y era fácilmente contenida en el puño de mi mano. La suma de miles o millones de esas piedras constituyen una montaña... ¿cómo no sentirme poderoso, cuando en mi mano podía atrapar un "átomo" del corazón del volcán mas alto del mundo? y si hubiera querido sepultarlo en el abismo marino... A partir de ese momento, sería una ofrenda a la montaña, que junto con mi bici llevaría hasta la cumbre. En esa piedra podría ir contenida la esencia de mi viaje: Superación. Yo quería seguir creciendo, superarme y aunque sabía que no podría llegar al cielo, tener la ilusión de tocarlo una vez más. En mi camino de búsqueda interior, mi crecimiento iría acompañado con el de la montaña, a la cual se le sumaría un "grano" más... y la piedra tendría la oportunidad de volver a ser montaña. Mi conciencia estaba satisfecha: le estaba haciendo una genuina ofrenda a la Pachamama, igual que los antiguos y eso me permitiría cumplir con mi objetivo.

Un acalorado comienzo.

Puerto Caldera se ve favorecido por la presencia del Océano Pacífico, que atempera la temperatura, pero una vez que uno se aleja de la costa, ingresa a una verdadera caldera y la única salvación es ir lo más rápido posible en dirección oriental, ascendiendo a las montañas. Claro: al ascender, por el esfuerzo, la temperatura del "horno" aumenta. El calor no es mayor problema si tenemos agua pero justamente el agua es el elemento que más escasea en Atacama, el desierto más seco del mundo y uno tiene que asegurarse transportar buena cantidad. 
Las primeras etapas fueron programadas de forma estratégica, para poder vencer inteligentemente.
El primer día, 16 de Noviembre, salí sin mucha prisa, clavadas las 12 del mediodía y con expectativas de avanzar solo 80 km hasta Copiapó. Pensaba detenerme en la ciudad, para conseguir el permiso de ascenso al Ojos del Salado, cargar agua y salir al otro día con la fresca. A partir de Copiapó, ya no tendría otro puesto de abastecimiento hasta Fiambalá (Arg.), ubicado a 450 km, del otro lado de la cordillera.
Se puede decir que el día 17 de Nov. comenzó el desafío, con una etapa de 135 km y con un ascenso casi constante hasta la mina La Coipa (3300m.s.n.m.). Como quería completar esta etapa en un tirón, fue necesario transportar 9 lts de agua. de los cuales no quedó absolutamente nada. Nueve litros de agua, implicaban cerca de 10 kgs más de peso, mayor esfuerzo, más tiempo de pedaleo y finalmente la necesidad de beber más. La fórmula entre esfuerzo-necesidad y carga transportada, siempre tiene que ser cuidadosamente balanceada. 
Unos diez días antes, había tenido un accidente en mi antebrazo, aun tenía varios puntos y limitada la extensión del brazo. Había estado sin entrenar y esta etapa sirvió para convencerme de que la condición física estaba intacta. A la jornada la termine con importantes quemaduras, que dolieron durante los siguientes días, pero con una seguridad psicológica que me fortalecía. Fui cerca del límite y con el pleno conocimiento y la experiencia de lo importante que es respetar esos limites. La base del volcán aun estaba lejos, debía llegar fuerte y la mínima descompensación que uno tenga en la montaña, la puede llegar a pagar cara.

La "burocracia chilena": primer obstáculo a vencer

El día 18 de Nov. estaba contento, mi ritmo seguía siendo muy bueno y a 48 hs de haber comenzado (250km), supere la "Cuesta de Codoceo" y su paso a 4300m.s.n.m. El calor había quedado atrás y abajo, no así las personas y la burocracia chilena. Al descender al puesto de Maricunga, donde se encuentra la aduana y los carabineros, me encontré que había un error en la fecha del permiso de ascenso. Los carabineros encargados de supervisar el tránsito de los montañistas al Ojos del Salado, no podían dejarme avanzar. Ese día tuve que quedarme a la espera que el SERNATUR de Copiapó, enviara un fax con la corrección. Afortunadamente, los carabineros resultaron ser amables y buenas personas, uno de ellos me ayudo a extraerme los puntos del brazo. Al día siguiente: permitieron que avanzara temprano y confiaron en que el SERNATUR les enviaría lo prometido. No dejaron de advertirme que luego de descender y antes de dirigirme a la Argentina, por el Paso San Francisco, debería retroceder 90 km, para marcar la salida de Chile, hacer aduana y policía de investigaciones. Después de la cumbre, sin descanso de por medio, tendría que pedalear unos 180 km extras y perder más de un día.

Debajo de las estrellas: sin 4x4, ni compañeros.

Al llegar al abandonado refugio "Murray" (4400m.s.n.m.) que alguna vez fue un hotel y retén de carabineros, se me presentó la imponente vista del Ojos del Salado y huellas que salían en su búsqueda. Era el día 19 de Nov. apenas entrada la tarde y hubiera podido seguir avanzando, pero opteé por detenerme en ese lugar fantasma, que tiempo atrás habían usado como campamento base. Actualmente, las expediciones de montañistas que quieren "desafiar" a este volcán, acceden en 4x4 y van 20 km más adelante, hasta un refugio llamado "Universidad de Atacama" (5200m.s.n.m.). Como se simplifica el trabajo del montañista con las modernas maquinas! He observado, como en ocasiones, algunos hacen mas del 75% de la altura de la montaña en algún vehículo motorizado, como si lo único que interesara fuera la cumbre y los últimos metros para llegar a ella. Creo que no hay que ser egoísta y comprender que sin esa "ayuda extra" muchos se quedarían si disfrutar de la cumbre. Seguramente: cada uno puede aplicar su filosofía libremente, siempre y cuando no dañe a la montaña. Personalmente me motivaba el hecho de que los incas no usaban 4x4 y transportaban más carga que yo.
Me detuve en Murray porque en ese punto se conjugaban varios factores que hacían del lugar un escenario especial: uno podía sentir el refugio como una isla abandonada en el desierto en donde la amplitud de Atacama se extendía a 360 º. Ese lugar me hacia recordar el mar (ya estaba a 350 km), en donde había comenzado y en donde era necesario imaginar la presencia de esta montaña, que ahora tenia ante mis ojos. Desde ahí las huellas salían en múltiples direcciones, no hacía falta seguir ningún camino y uno podía ir hacia donde quisiera "haciendo camino al andar". Sentir la libertad de semejante forma es excitante y mas aún marcar un destino. El mío ya estaba marcado... La presencia del Ojos, se destacaba más que ninguna otra montaña, se la podía ver en primer plano y según la actitud mental que tuviera: sentirla lejos o cercana. Cuando la soledad se transforma en sinónimo de percepción y los paisajes llegan a sentirse vivos y sin interferencias, uno goza y se siente capaz de encarar cualquier desafío. Mi voluntad se adelantaba a mis pasos y cubría la vaciedad del desierto, que marcaba la distancia entre la cumbre y yo. Era placentero sentir eso. Creo que las travesías en solitario, son más difíciles no sólo porque uno no tiene la cooperación de un compañero sino porque se pueden transformar en una tortura si no se esta psicológicamente preparado. Afortunadamente en Murray, tuve un testeo que me dio 100% positivo.
La función recién comenzaba: el sol que se resistía a marcharse quedo pegado a nubes que se retorcían rebeldes, entre las cumbres de los cerros. La fría nieve y los glaciares, se teñían de fuego. El fuerte viento dejo en paz a la azotada superficie terrestre y se fue arriba a animar el espectáculo. Produciendo un desfile de nubosos ideogramas, salidos del I-Ching que a mi entender decían: "-La cumbre esta en vos".

La noche era "estelar", como lo suele ser en el cielo de Atacama, el más limpio de la tierra. Aunque el protagonista de la tarde se resistía, tuvo que cederle lugar a una grandiosa luna llena que surgió como un blanquísimo témpano celestial, desprendido por el viento.
Las montañas de mi izquierda (Norte), tomaron la coloración plateada de la luna y las de mi derecha (sur), las del sol. En el medio de la planicie desértica, me enriquecía con la energía cósmica. 

El refugio quedó a mi costado y esa noche, como todas, dormí debajo de las estrellas sintiéndome parte de un universo al que no quería huirle y disfrutar.
Pienso que una carpa me hubiera aislado de la montaña y de su entorno, por eso opté por no llevarla. Deje de lado la seguridad que esta me hubiera brindado, me gusta sentir el poder de la naturaleza, pequeño y humilde ante la montaña sé que mi grandeza está en aceptar mi fragilidad, superar mis temores y en disfrutar y nutrirme del entorno.


Ocho años atrás...

Hace 8 años, cuando fui al Aconcagua, era un "extraño" en la montaña, con experiencia casi nula, solo había hecho algunas caminatas a cerros de 2000 mt, en la Patagonia. También estaba solo y con mi bici, pero lejos de animarme a ir sin carpa, cargaba: ¡un "prototipo" de Goretex de 8 kgs !. Esta carpa era demasiado pesada, pero tengo que admitir que su virtud residía en la fortaleza y cuando otras no resistieron el mal tiempo, ella permaneció entera. En aquella primera ocasión, mi confianza se basaba exclusivamente en mi entrenamiento y preparación física. El hecho de haber corrido ultramaratones y ultratriatlones, me había servido para experimentar mis límites psicofísicos y me sentía seguro en algo que podía ser fundamental, pero jamás me hubiera imaginado sin carpa... Que ahora no la lleve, no quiere decir que este tan confiado y sé que no se puede estar seguro en un 100%, que uno sera capaz de resistir un fuerte temporal. Me gusta el riesgo y el peligro. A veces, los mejores montañistas, con el mejor equipo, son víctimas de las inclemencias de la montaña. En este caso, yo creía que mi mejor "talismán" eran mis buenas intenciones y las piedras que transportaba como ofrenda.

Subida, arena y hielo...

El valle por el que tenía que dirigirme a la base del Ojos era ancho y parecía no tener mayor pendiente sin embargo la subida era tan concreta como los números ascendentes de mi altímetro. Al comienzo pisaba con fuerza los pedales, que quedaban empequeñecidos ante mis botas rígidas de 1.8 kg y la bici avanzaba bien, pero a medida que el valle se hacía más angosto la arena aumentaba y la tarea era mas difícil.

No es común que un ciclista use este calzado que los montañistas usan para la alta montaña y colocarle crampones, sin embargo, la rigidez de la suela me permitía trasmitir la fuerza con buena palanca. Seguía las huellas más marcadas, que iban por los bordes de la quebrada en donde el terreno era un poco más firme y en donde alguna vez había sido camino.

  Hasta que el hielo llegó...y las huellas, que eran del año anterior, se perdieron debajo de un gran planchon de penitentes. No había otra opción que cargar mi vehículo 2x2 (2 piernas x 2) y pasar por arriba del obstáculo. La parte más angosta del gran manchón de hielo era la de mas pendiente y para cruzarla fue necesario escalarla en cuatro patas.
Superado el obstáculo no quedó otra alternativa que ir por el medio de la quebrada, en donde la arena era tanta, que era imposible pedalear. La fuerza de mis piernas y el esfuerzo de empujar, no eran suficientes, tuve que recurrir a mis brazos e implicar a todos mis músculos en un tironeo que me permitiera avanzar. La bici estaba más pesada que nunca (superaba los 50 kg), ya que las reservas de alimento estaban intactas y para ahorrar combustible, en la tarea de derretir hielo, había cometido el error de salir con 20 lts de agua. Si el transporte de un gran trípode era un error de sobrepeso, lo sabría luego al evaluar las imágenes de video y fotografía.
No es común en esta época del año, encontrar esta situación que se debía a un invierno que batió récords en nevadas. Creo que en un mes más, se derretiría todo el hielo y se podría avanzar cómodamente. Ahora, al final de la quebrada el camino desaparecía totalmente sepultado. El hecho de que estuviera en proceso de deshielo, impedía tener una superficie uniforme sobre la que avanzar y el mejor recurso era evitarlo. Para eso la opción era avanzar por las laderas más empinadas. En esa situación era curioso descubrir, como hacía menos fuerza por una empinada cuesta, que en la pesada arena o el requebradizo hielo.
A veces me encontraba con estalactitas grandes, que dejaban espacio entre sí y podía pasar por el medio, pero quedarme abajo y zigzaguear por el laberinto de hielo, no era tan fácil... Casi siempre se interponía un enorme bloque al que había que superar por arriba, elevando la bici a "puro músculo" y tironeo. Ir por encima también tenia su técnica: era necesario saltar las grietas, buscando los lugares más angostos y donde el hielo estuviera más duro. Siempre probando la consistencia del hielo para impedir resbalones y evaluando la posibilidad de usar lo crampones. En las partes con estalactitas, a veces no había suficiente superficie como para apoyar la bici o estas eran muy delicadas y se resquebrajaban. Pasado el mediodía, el hielo se ablandaba y ocasionalmente me hundía con bici y todo, en alguna "trampa". Después del "hundimiento" buscaba una posición que me permitiera tomarme unos segundos de descanso y recuperarme: arrodillado con la bici a modo de púlpito, no me detenía precisamente a rezar ni implorar, simplemente a admirar la hermosa presencia de mi montaña. Esto me motivaba y renovaba. Un trago, un brindis, con gusto a mar y montaña, bebiendo el agua de mi camañola que también transportaba las piedras del mar y a seguir. 
Salir de un pozo helado era una tarea de mucha paciencia, en donde la fuerza que hacía era burlada por los bordes que se rompían al intentar afianzarme. Ciertamente que el mayor esfuerzo estaba determinado por la tarea de sacar la bici y elevarla con todo el equipo. Lo primero que hacía era encontrar un punto de apoyo desde el cual aplicar la fuerza, esto lo lograba: sentado o arrodillado.
Al final del día 5 (20/11), conseguí completar los que quizás serían los 20 km más duros de la travesía. Durante toda la jornada fueron esfuerzos anaeróbicos y de potencia que me dejaron bastante cansado. Esa noche dormí a 5200m.s.n.m., en mi "suite de infinitas estrellas" . En la madrugada, antes de que se fuera la espectacular luna llena, baje unos 200 mts en busca de "Rocinante" (mi bici). El día anterior, por una cuestión estratégica, tuvimos que separarnos momentáneamente.


Paso a Paso. Varias veces la cumbre...

A los 5750m.s.n.m. (5830 con GPS), esta el refugio "Tejos" construido con 2 container. Según dicen por esa antigua huella se marcó un record de altura en moto. Ascender desde el refugio "Universidad de Atacama" (5200) pedaleando no era posible porque a la fuerte pendiente se le sumaba la arena y el hielo. Creía que en el descenso tendría una excitante bajada y podría rodar por ese lugar. Tuve que superar el desnivel muy lentamente y en poco mas de 4hs, ascendí 500mt. Esto fue paso a paso, empujando de la bici y del equipo necesario como para pasar dos noches antes de intentar la cumbre. Quería estar lo más fuerte posible, recuperarme de los días anteriores y si era preciso establecer un récord de lentitud. Los pasos se suceden uno a uno por una pequeña fracción de tiempo y parecen pegados al suelo, del cual casi ni se separan. A esta altitud (5800), la gente no suele darse muchas oportunidades y llega con lo justo como para un intento. La experiencia del Aconcagua me enseñó, que si no hubiera llegado fuerte a "Berlín" (5850m), no hubiera podido esperar los 4 días de mal tiempo, que resistí.
El día 8 (23/11), me lo tomé como un día de descanso y meditación. Muchas fueron las veces que mire la cumbre y me "transporte" allá arriba. Las nubes pasaban rápido, apenas rozándola y por debajo de los picos más altos. Otras, más atrevidas, lo cubrían. Sin embargo, como en otros volcanes, daba la sensación de que el Ojos comandaba la situación y el mismo era el generador de nubes y viento. Había que respetarlo: si el lo quisiera, con una poderosa ráfaga de viento, podía deprender de su ladera a algún montañista con el que no simpatizara. Era el momento de terminar de ponerme a tono con la montaña y gozar al imaginarme, una y otra vez, lo que seria el ascenso. Tenía bien visualizado el camino que haría solo una vez e identificadas las piedras por las que pasaría. Con mi ejercicio mental, lo andaba y desandaba a mi antojo. Un placer.
Sobre el final de la tarde bajo un matrimonio de alemanes desde la cumbre. La mujer se había desvanecido en el descenso y su marido tuvo que cargarla varias horas, por suerte ya estaba bien y él era un experto en la montaña con experiencia en el Himalaya. Yo estaba al tanto de los múltiples problemas que puede acarrear la altura (edemas de pulmón y cabeza, hipotermia, etc) y por cierto que no me gustaría nada, que alguien tuviera que bajar a "Rocinante". Ellos también eran ciclistas y habían andado mucho, compartíamos la misma pasión y establecimos cierta amistad.


El final y el comienzo

Las 3.30 hs fue un buen horario para levantarme, preparame un plato de pasta e hidratarme bien. A las 4.45 hs ya estaba en camino, aun era de noche y el viento parecía haberse quedado dormido. Por primera vez en todo el recorrido mi bici iría a cuestas, cargada en mi carguero. Con ella puedo llegar a casi cualquier lugar, dos vueltas al mundo lo atestiguan y disfruto haciéndolo. Sino lo hago pedaleando, tengo la ventaja, sobre el mejor 4x4, de disponer de un "vehículo portátil. "La voluntad es mi motor y la alimentación sana mi combustible" .

El carguero llegaba a pesar 25 kgs. En el llevaba: La bici con su portaequipajes trasero, el bolso de fotografía, con una cámara reflex un par de lentes y una vídeo filmadora, los crampones, un conjunto rompevientos y 2.5 lts de agua con barritas de cereal. Mis provisiones estaban dentro de lo mínimo que podía necesitar para 12 hs. La mochila no me resultaba extraña, me había acostumbrado a ella entrenando en las escaleras de un edificio de la plana ciudad de La Plata.

 De todos modos no era lo mismo: transportar dos pesas de 15 kg, que quedaban firmemente ajustadas, a una bicicleta, que al moverse lateralmente, creaba un efecto de péndulo. El ascenso no era problema, pero tendría que ser más cuidadoso en el descenso, en donde el viento me desequilibraría.
La sensación de subir es enriquecedora y motivante, cuanto más alto, más estimulante. Después de varias horas, la velocidad disminuye inevitablemente, pero uno parece haber superado y trascendido la sensación de tiempo. Es cierto que los pasos parecen infinitos y las pausas entre unos y otros se alargan pero quizás también sea infinito el instante placentero de llegar arriba...
Un primero y largo caracol, para superar una ladera en donde el terreno era muy suelto y pesado avanzar. No hubo ninguna pausa en esta tarea hasta que llego el momento de detenerme a poner los crampones. Mientras lo hacía, la cumbre era tapada por nubes. Ya estaba a 6400m.s.n.m., caminar sobre el hielo fue un alivio y como buen augurio la cumbre se descubrió.
En la parte final, se veía el filo de los picos, que rodeaban el cráter. La pendiente parecía invencible y con algunas paradas entre medio, conseguí superar la pesada y blanda superficie de mi ultima "rampa". 
¿A quien le dedico esta cumbre? - Esta no es cuestión de humanos y lo hago al propio espíritu de la montaña, para el cual traje como ofrenda una piedra del mar y una bici con la que recorrí el mundo.
Como premio y coronación del esfuerzo me encontré con un enorme y helado cráter: ¡parecía que lo hubieran alisado para que diera mi "Vuelta Olímpica" pedaleando!. Rodar a 6850m.s.n.m., viendo nubes y altos picos por debajo de las ruedas y sentir que los pedales se han transformado en alas, fue único!
Finalmente la montaña me abrió su puerta al cielo y por un instante me sentí mas allá de mis defectos e imperfecciones, gozando de la cumbre.

Hacia días atrás había visto como el mar se unía al cielo en un lejano horizonte, que jamás se alcanza, pero tuve la capacidad de soñar y creer que la montaña sería mi camino al cielo y que lo alcanzaría. Claro como ya me ha pasado otras veces: "el placer de realizar los sueños es momentáneo y pasajero..." por eso: cuando en la playa tomé la piedra que transportaría hasta esta cumbre, también lo hice con otras y ahora tengo otros dos volcanes que me esperan...


Equipo:

· Bicicleta Zenith, modelo "Calea", con amortiguación delantera. Portaequipajes trasero y de manubrio. Pedales anchos, sin trabas, con el suficiente espacio para poder usar las botas rígidas de alta montaña.
· Alforjas traseras Halawa y delanteras Ortlieb.
· Carguero de aluminio, (sólo el armazón y los agarres para la espalda), sobre el cual enganchaba las alforjas y la bici, lo usaba a modo de mochila.
· Bastones telescopicos.
· Crampones.
· Bolsa de dormir Ansilta modelo "Extrem" (rellena con 1kg de duve y aislada con "Dryloft")
· Colchoneta aislante.
· Bolsa de vivac Artiach, de Goretex.
· Paquetitos de calor instantáneo, para pies y manos.
· Mochilita para transportar agua (2lts)
· Bolsa Ortlieb para el transporte de 10 lts. de agua.
· Caramañolas de 1lt, de aluminio y plástico, con fundas.
· Botellas plásticas de 2lts.
· Calentador Primus, multicombustible.
· Combustible: 2lts de nafta y 2 cartuchos de gas.
· Marmita, con 2 lts de capacidad y cubiertos.
· Linterna frontal, baterías de repuesto y una vela.
· Cámara y cubierta de repuesto.
· Herramientas e inflador.
· Pedazos de cuerda y tensores.
· Botiquín.
· Mapas y libreta.
· Equipo de fotografía y video.. (Cámaras reflex Pentax 2 (una con película de diapositiva y otra para papel). 3 lentes: 11 mm, 35-70mm, 70-300mm. 8 rollos. Baterías de repuesto. Cámara digital Sony "Handicam".
· Trípode.
· Lentes Julbo, con protector para nariz.
· Botas rígidas Boreal, modelo Bulnes.
· Reloj "Suunto" modelo Vector, con altímetro y compás.



Ropa:

· Calza corta y larga de ciclismo.
· Camiseta de Coolmax y camiseta de manga larga de polipropileno.
· Camiseta de manga larga (Polar 100). Ansilta.
· Buzo de polar de 200.
· Chaleco de duve Ansilta.
· Campera de ciclismo con "Windstoper". Ansilta.
· Campera de Goretex de 3 capas. (XCR).
· Guantes de polar y manoplas cubre-guantes.
· Cuellera y gorra con visera y cubreorejas de polar. (Ansilta)
· Pasamontañas de polar y lana.
· Pantalón desmontable y pantalón rompevientos.
· Medias de "Coolmax" 2 pares.
· Medias gruesas de alta montaña.
· Riñonera con gran capacidad y riñonera chica, para llevar baterías.
· Bolsas de compresión 2.


Cronología:

· Dia1: (16 de Nov. de 02): Pto. Caldera(0mt)-Copiapó(200m).
Distancia: 79 km. Salida: 12.30 hs. Llegada 16 hs. Tiempo de pedaleo 3h21m. Promedio 23.5 km/h.

· Día 2: (17 de Nov.): Copiapó(200m/mar)-La Copia(3300m). 
Dist: 134 km. Salida:7.30hs. Llegada: 19.45 hs. T: 9h21m. P: 14.2 km/h

· Día 3: (18 de Nov): La Coipa(3300m)-Maricunga(3700m).
Dist: 43 km. Salida 7hs. Llegada 12 hs. T: 3hs 48m. P: 11.4 km/h.

· Día 4: (19 de Nov): Maricunga(3700m)- Murray (4400m).
Dist: 77,3 km. Salida 7hs. Llegada 16.30 hs. T: 6h 40m. P: 11.5 km/h.
Fuerte viento lateral.

· Día 5: (20 de Nov.): Murray (4400m)- vivac a 5200m. 
Dist: 20 km. Salida 8hs. Llegada 20.30hs.
El 90 % lo realice caminando y cargando la bici. Arena y hielo.

· Día 6: (21 de Nov.): Desciendo 200 mts, a buscar mi bici, 1h.30m. y me dedico a preparar agua, derretir hielo y cocinar.

· Día 7: (22 de Nov): Ascenso hasta los 5750m. Tiempo: 4 hs.

· Día 8: (23 de Nov): Asciendo hasta los 6000m y luego desciendo a los 5750m. Día de recuperación y preparación de agua.

· Día 9: (24 de Nov.): Cumbre 6880m y descenso a 5200m. Salida 4.45 hs. Llegada a la cumbre: 12 hs. Comienzo del descenso 13 hs. Llegada a "Tejos" (5700m): 15.30 hs. Almuerzo y reposo de 2 hs . Llegada a los 5200m: 18. 30 hs.

· Día 10: (25 de Nov.): 5200m(Refugio)-Reten de carabineros de Lag. Verde (4300). Dist: 45 km. T: 6 hs.

· Día 11: (26 de Nov): Maricunga(3700)-Lag. Verde(4300)-Paso de S.Francisco (4750)-Las Grutas(4050m).
Salgo de Maricunga a las 11 hs, pedaleo 90 km hasta el reten de Lag. Verde. Salida de Lag. Verde a las 18.30 hs y llegada al P. San Francisco a las 20. 10 hs (1h38m para 22 km de ascenso). Llegada a las Grutas a las 21.10hs. Km Total: 133 km.
Fue necesario retroceder hasta Maricunga, hasta donde me llevaron los carabineros, para marcar la salida del pais

· Día 12: Las Grutas (4050m)-Cortaderas(3700)- Fiambala(1500m).
Distancia: 83km hasta Cortaderas y luego 100 km hasta Fiambala. Los primeros 83 km fueron en 2h28m a un promedio de 33.7 km. Los segundos 100 km en un tiempo de 2hs 49m y aun promedio de 35.2 km/h.



Agradecimientos:
Gran parte del equipo utilizado fue prestado o cedido. Por eso me resulta importante agradecer a algunas de las personas que colaboraron.

· Alberto Graffigna (Ansilta)
· Basset, indumentaria.
· Marcelo Dante 
· Luciano Fracchia
· Julio Copello
· Heber Orona
· Jonson Reynoso, a quien es útil consultar en Fiambalá por cualquier excursión de montaña por la zona. 
· Gobernación Provincia de Catamarca..


(*) Texto y Fotos de Mariano Lorefice
    email: travesias@infovia.com.ar

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