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Tremenda aventura humana en el Aconcagua
Por Xabier Zaita: javixabi@hotmail.com
Lector de TurismoAventura.com
Hola, ¿que tal estais?
Quiero contarles cómo me fue en mi aventurilla del Aconcagua. No elegí esa montaña porque tuviera casi 7.000 metros, tampoco porque ser el "techo de América"; nada, que nunca lo acertareis. La elegí porque a Argentina iba de todos modos, más concretamente a Tucumán, y aprovechando la coyuntura del viaje, engañ.., perdón, convencí a un amiguete de que era una montaña preciosa, y bla, bla, bla. Lo cierto es que era a mi familia la que quería visitar. Y quién me iba a decir a mi que el amor...nananiania...pero, eso es otra historia.
Comenzamos a pensar en el Aconcagua el pasado mes de Junio, a la vuelta de la Cordillera Blanca de Perú. Iba a venir en Enero y, aprovechando un poquito más, sacaríamos un mes entero, y con quince días para la montaña, creímos que sería más que suficiente. Primer error, subestimar la montaña en cuestión.
Compramos los billetes de avión en septiembre y ya tuvimos problemas; hay que joderse! Ni que fueran vac... pues si, vacaciones para vosotros los argentinos. Ya, ya, ¿y yo que sabía? Con mi mentalidad europea, en Enero no viaja nadie, que hace frío. Bueno, billetes pillados (yo diría cogidos, pero ya sabemos la jugadita del idioma), y con el equipo más o menos en nuestro poder de anteriores salidas a la montaña, nos enfrentamos a nuestro primer reto.
Hemos estado en los Alpes, incluso en la Cordillera Blanca, pero al Aconcagua todo el mundo de Europa viaja con un viaje concertado, y nosotros no quisimos. Así que ponte a dar vueltas como loco por Internet, y a preparar toda una expedición en papel. Lo de los campamentos de altura suena tan romántico, tan lindo... pero yo qué sabía...? Nunca habíamos hecho nada así. Desde aquí os doy las gracias a todos los argentinos por tratarnos como hermanos. Dios quiera que ahora que necesitáis nuestra ayuda, tengáis la misma percepción de nosotros. Lo dudo. Nos hemos vuelto más fríos y egoístas.
Nuestra llegada a Mendoza, traslado a la montaña, viendo, sobre todo, tomando contacto con todo, paisajes, gentes, ciudades, fue impresionante. ¡Se nos caía la baba a Iosu y a mi! ¿Que quien es Iosu? Ah, pues mi colega de montaña. ¿Y yo? Claro, perdón, me llamo Xabi, viene de Xabier, ó Javier en español. Y venimos del rinconcito de Euzkadi. ¿Que os suena? Quizá a alguno, pero somos muy pequeños (para lo mucho que se nos oirá, seguro). Bueno, pues alucinados de verdad. Mendoza, preciosa; la gente que habíamos contratado por Internet para que nos echaran una mano en la montaña, majísimos. Y la montaña, espectacular.
Contacté con Laura, de Expediciones y Trekking, por Internet. Por lo menos, nos gestionarían la mulita (de las narices; anda que no es cara la condenada), nos darían de desayunar y cenar, y nosotros los primeros días andaríamos ligeros de mochila a la espalda. Todo esto es muy, muy, pero que muy importante. Si ahorras esfuerzos al principio, los conservas para el final. No merece la pena querer ahorrarte un poco de plata, y luego acabar castigado en la montaña.
Así que nos fuimos a Plaza de Mulas. Allá estuvimos tres días ó algo por el estilo (no mucho). Ascendimos al Cerro Bonete, de 5000 metros, y quedamos muy contentos (a la noche potente dolor de cabeza). Sin problemas. Nos íbamos aclimatando bien. Bueno, eso creíamos; debimos haber estado un par de días más allá abajo. Preparamos el campo de Plaza Francia, a 4800 metros, y dormimos una noche; por cierto, espantosa. ¡Y cómo nevaba, señores, que alegría! ¡Y esto en vuestro verano!, jeje. Ya sabéis lo que os podéis encontrar: 70 centímetros de nieve en un día completo nevando. Pero como somos montañeros aguerridos (ejem) pues, ¡para arriba, a sufrir! Y así lo hicimos...
El que quiera más detalles le puedo manda un mail a todo detalle (ruidos de esfuerzo incluidos en el pack). Aclimatamos poco, a pesar de que yo me encontré pletórico. Subimos a Nido de Cóndores, a 5300 metros, y en vez de aguantar allí un día, o bajar y regresar otro día, o preparar un campamento a 6000 metros ,en el Refugio Berlín (que, por cierto, está destrozado); en vez de hacer cualquier cosa que nos ayudara a aclimatar, pues... me da un poco vergüenza confesarlo, porque es todo lo que un montañero, alpinista, andinista ó lo que queráis no se puede permitir el lujo de hacer, y es ...jugársela en la montaña. Así es: nos la jugamos.
Decidimos subir los 1700 metros de desnivel en el día y, no contentos con esto, debíamos bajar los casi 2600 metros que restaban a Plaza de Mulas.
Alguno pensará que se puede hacer y, si, se puede. El día 13 de Enero tomamos el avión hacia Argentina, bueno, Chile, y el 26, 12 días después, salimos a las tres de la madrugada hacia la cumbre. A las 6 y ya en Berlín, Iosu comenzó a vomitar. Lo achacábamos a una aspirina, o a cualquier otra cosa.
Una hora después, siguió vomitando y debilitándose, así que, a una altura de 6100 metros, Iosu se dio la vuelta. Me dolió en el alma y le dije que lo acompañaría. Me contestó que no, que el descendería sólo bien, que lo intentara. Y me la volví a jugar. Subía rápido, esperando estar menos horas en la montaña y regresar antes con mi compi. Desde las tres y media, los pies se me enfriaron hasta no sentirlos prácticamente por entero. Pero bueno, cosillas del monte. Para arriba. Amaneció, pero la temperatura era estable a -12 º. Se estaba bien. Llevaba andando sólo desde casi las siete de la mañana.
Eran las 13:30 del mediodía cuando, después de llevar unas cuantas horas sólo, unas cuantas más con los pies helados, quedándome unos 80 o 100 metros a la cumbre, decidí darme la vuelta... Pero, pero ¿cómo? ¿no os lo preguntáis? ¿si decía que andaba fuerte y bien?
Bueno, pues tomé esa decisión por distintas razones. Porque es muy duro estar tanto tiempo sólo ahí arriba, y yo no lo sabía; porque no sabía como estaría mi compi y quería descender mucho para que nos trataran de ayudar abajo; porque esos 80 metros me supondrían una hora de subida, otra arriba "entre ponte bien y estáte quieta", expresión nuestra, y otra de bajada hasta donde me encontraba. Sopesé todo e intenté hacerlo como un adulto, no con la primera impresión de un niño. Afloraron dos lagrimones en mis ojos, y comencé a descender.
Fue lo mejor que he hecho en mi vida. Recogí la tienda ya con Iosu, que se encontraba muy débil, y como pudimos, descendimos. Al ir calentándose mis pies, que ya me los había visto, me empezaron a doler de cojones (otra expresión). Me los hubiera arrancado a mordiscos, la verdad. Por fin, y después de salir a las tres de la madrugada, llegamos a las 8 de la tarde a Plaza de Mulas. Llegar, pillar dos cositas, helicóptero y a Uspallata.
Porque mis dedos estaban, cuatro de ellos, los principales, negros; ni azules, ni verdes, ni morados, estaban negros. Y yo les pedía perdón, y que se recuperaran. Dos días de dolor más tarde, me dieron el alta, y casi sin poder andar, me fui para Tucumán como pude, al calorcito de la familia.
El viaje en helicóptero, me dio la oportunidad de ver esa montaña y sus enormes valles desde las alturas. Precioso. Vosotros intentad contratarlo, si queréis. Será mejor.
El trato en el Hospital de Uspallata, perfecto. También por ello os doy las gracias.
No sé que impresión habéis sacado con todo esto. ¿Parece una peli del Stallone ese? Pues igual. Pues no. Ni mucho menos. Fue una aventura humana tremenda. Aprendí a convivir con Iosu ahí arriba, en el monte, en soledad. Es fácil hacerse planes con alguien en un bar, pero luego trasladar ese compañerismo y esas ganas de hacer bien las cosas allá arriba, eso es difícil. Meterse varios días solos en una tienda que parece una tumba ahí arriba, que subsistes por ti mismo, es una experiencia tremenda. Y estar sólo ahí arriba, vital. Esa experiencia es vital. Te sientes tú, ni grande ni pequeño, ni grandioso ni insignificante. Sólo te sientes tú, a merced de tus fuerzas, valor, ánimo ó como cada uno quiera llamarlo.
El equipo de Laura, su marido que era guía profesional, que aunque no trabajó con nosotros, coincidíamos mucho con él, y pasamos buenos ratos, César, el cocinero, bien, estuvo todo realmente bien. Ya os digo, que bien con ellos, ó con cualquier otro grupo , las cosas se facilitan en la montaña, y eso se agradece.
Todo esto (todavía me miro mis dedos a día de hoy, cuatro de ellos sin uñas) me ha enseñado una gran lección de humildad; la montaña me ha mostrado los dientes y me ha dicho que no corra, que me tranquilice e intente ver cuál es mi medida, que igual no es esta. No lo sé. Llegan tiempos de tranquilidad y replanteamientos.
Pero quizá vuelva. Sí, quizá lo haga; quién sabe. Ella estará allí siempre, vestida de blanco para mi, como una novia. Ya veremos.
Ah, y si alguien necesita que le añada cosas, ó quiere direcciones ó algo más, que no dude en llamarme, bueno, en ponerse en contacto conmigo a mi dirección de correo electrónico. Estaré encantado de poder ayudarle.
Un abrazo a toda Argentina desde Bilbao.
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